Noticias | 11 Agosto 2022

La ciencia tampoco se libra del racismo

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Las agresiones raciales han existido históricamente en el ámbito científico y erradicarlas es responsabilidad de todas y cada una de las personas que forman parte de este.

El racismo atenta contra los derechos humanos y las libertades fundamentales de las personas / ICM-CSIC.
El racismo atenta contra los derechos humanos y las libertades fundamentales de las personas / ICM-CSIC.

La discriminación racial o racismo se refiere a cualquier distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en la raza, color, descendencia u origen étnico o nacional que tenga el propósito o efecto de invalidar o perjudicar el reconocimiento, goce o ejercicio, en situaciones iguales, de los derechos humanos y libertades fundamentales en el campo político, económico, social, cultural o cualquier otra área.

En este contexto, cabe mencionar las microagresiones, que subyacen a cualquier tipo de racismo. Se trata de humillaciones breves y cotidianas verbales o conductuales, voluntarias o involuntarias, que expresan actitudes hostiles, despectivas o negativas hacia las personas racializadas.

Reconocer este tipo de agresiones es clave, ya que son las más comunes y difíciles de identificar, y ocurren diariamente en el ámbito laboral. Sin embargo, ante ellas, se recomienda evitar el enfrentamiento, actuar con asertividad y denunciar la situación, ya sea por parte de la víctima o de algún testigo. Y es que, el peso de denunciar estas microagresiones no debe recaer únicamente sobre la persona agredida, pues el hecho de que ocurran es responsabilidad de todo el mundo.

¿Hay racismo en la ciencia?

Si consideramos la ciencia una estructura académico-laboral jerarquizada y clasista, podemos decir que esta tampoco se libra del racismo. De hecho, el sector científico se puede definir como una esfera de clase, ya que para formar parte de este es necesario haber cursado estudios superiores. Esto, a su vez, lleva implícito un sesgo socioeconómico, pues el acceso a los estudios universitarios no es tan fácil para grupos sociales con menos recursos, a menudo inmigrantes o personas racializadas, que no pueden acceder a este sistema clasista que es la ciencia.

Asimismo, es preciso hacer referencia a las citas de nombres de origen hispanos, asiáticos y africanos que se ven, a menudo, infravaloradas a ojos de los científicos anglosajones. En este sentido, el biólogo del CSIC Juan José Ibáñez relata en el blog de Madrid+d que, aun habiendo pasado muchos años investigando en Estados Unidos y el Reino Unido, ahora que no vive allí tiene más dificultades para publicar en revistas de alto impacto. Por último, el editor de una de las revistas de medicina más prestigiosas ha llegado a reconocer en público que duda de la calidad de cualquier trabajo que no esté redactado correctamente en inglés.

En definitiva, la ciencia nunca se ha librado del racismo, llegándose a documentar un sinfín de agresiones raciales a lo largo de la historia. Así, por ejemplo, el naturalista británico Charles Darwin utilizó la evolución y el método científico para excusar el racismo en su libro "El origen del hombre", en el que sostiene que las personas negras y los aborígenes australianos son iguales a los gorilas y augura que es cuestión de tiempo, que sean "hechos a un lado” por parte de las “razas civilizadas”. Asimismo, el británico opinaba que era esencial impedir su “multiplicación” para que terminaran extinguiéndose.

Estas y otras ideas similares fueron aceptadas en la sociedad de la época como “fundamentos científicos”. Entre ellas destacan los estudios de las células HeLa (1943), también conocidas como células inmortales, que provienen de muestras de células tumorales de la paciente negra Henrietta Lacks. A pesar de su fallecimiento, sus células cambiaron el curso de los estudios en el ámbito de la carcinología, aunque nunca se haya dado a conocer a gran escala. Otro ejemplo de racismo científico es el caso del experimento Tuskeegee (1923-1972, Alabama), en el que un médico estudió el desarrollo de la sífilis en hombres afrodescendientes infectados a los que no se trató pese a que ya existía un tratamiento para ello.

Por último, en la actualidad el desarrollo de nuevas tecnologías de ingeniería genética como la selección artificial de genes o su expresión diferencial, sumado al resurgimiento de la Eugenesia, que es la filosofía que defiende la mejora de los rasgos hereditarios mediante diversas formas de intervención o selección, suponen también un dilema ético.

Pero… ¿es ético decidir sobre la vida de otros o manipularla? ¿hasta qué punto es aceptable manipular la genética? ¿cuáles son los rasgos o características de un ser humano “perfecto”? La manipulación de las leyes biológicas para “mejorar” a un individuo choca directamente con la ética, ya que, siendo modificable, el individuo “no idóneo” podría ser considerado “defectuoso” o inferior. 

La discriminación racial en el ICM-CSIC

El racismo es algo que preocupa en especial a los perfiles más jóvenes del Instituto. Por ello, hace poco la asociación de los Young Researchers organizó, con el apoyo del Grupo de Trabajo de Igualdad del centro, un debate titulado “Dear White people” que quiso poner de manifiesto el impacto estructural de estas agresiones en el contexto científico.

Al final del encuentro, que condujeron la doctoranda Sandra Ramírez y el investigador postdoctoral Felipe Hernandes Coutinho, se propusieron una serie de acciones o “baby-steps” para intentar mejorar la situación actual. Entre ellas figuran propuestas como la organización de lecturas de poetas y escritores racializados/as o la proyección de películas con actores, actrices, protagonistas y directores/as racializados/as.

Asimismo, durante el encuentro los participantes pusieron de relieve la necesidad de diseñar acciones a nivel estructural e interseccional, ya sea recopilando datos de diversidad y desigualdad, legislando contra el racismo sistémico, o mediante políticas de reparación histórica y rendido de cuentas. Y es que, tal y como decía la activista norteamericana Angela Davis, “en una sociedad racista, no basta con no ser racista, hay que ser antirracista”. Esta es la clave para conseguir una ciencia sin racismo.