Noticias | 28 Abril 2022

La ciencia reclama “cambios drásticos” para mantener la Tierra habitable

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La última parte del 6º informe del IPCC alerta de que se agota el tiempo para hacer de la transición energética una realidad.

El último Informe del IPCC se centra en las soluciones para revertir la situación de crisis actual / Unsplash.
El último Informe del IPCC se centra en las soluciones para revertir la situación de crisis actual / Unsplash.

El pasado 4 de abril se presentó la tercera parte del sexto informe del IPCC, centrada en la mitigación de los efectos del cambio climático. Nuestro compañero Carles Pelejero, que ha tenido la oportunidad de revisar el informe, aseguraba el mismo día de su publicación en una mesa redonda que “el documento recoge, en comparación con los anteriores, muchas ideas nuevas gracias a los avances tecnológicos de los últimos años, que no debemos desperdiciar”.

Sin embargo, este optimismo no debe esconder la realidad que tenemos delante, que es que el planeta está a nada de calentarse 1,5 grados –la temperatura media global es ya 1,1 grados superior a la de la época preindustrial-, el límite definido por los expertos como el escenario menos arriesgado para la humanidad. Asimismo, si las políticas actuales se mantienen, se prevé un incremento de la temperatura de cerca de 3 grados a finales de siglo, lo que llevará a una mayor frecuencia e intensidad de, por ejemplo, las sequías o las olas de calor marinas, entre otros eventos climáticos extremos.

Un abanico de soluciones

El último Informe del IPCC se centra en las soluciones para revertir la situación actual, poniendo énfasis en el hecho de que disponemos de la infraestructura y la tecnología necesarias para ello. Según el documento, la clave está en reducir al máximo el uso de combustibles fósiles durante la próxima década y refugiarnos en la electrificación -especialmente del transporte-, la mejora de la eficiencia energética, el uso de combustibles alternativos como el hidrógeno o el almacenamiento de carbono.

Según este documento, deberíamos reducir drásticamente las emisiones de forma inmediata para conseguir doblar cuanto antes, y de forma global, la curva global de emisiones de CO2.

“Si hacemos los deberes y conseguimos, en tan solo tres años, llegar al máximo de emisiones globales de gases de efecto invernadero, deberemos continuar reduciéndolas hasta un 43% antes del 2030 si queremos que la Tierra siga siendo habitable”, apunta en este sentido Pelejero.

De hecho, incluso en este escenario sería posible superar ligeramente el límite de 1,5 grados que comentábamos antes, aunque podríamos volver a estar por debajo de este punto de no retorno antes de finales de siglo.

Todo esto implica reducir, de cara al año 2050, el 95% del consumo de carbón, el 60% del petróleo y el 45% del gas respecto al consumo del año 2019. Y tampoco podemos olvidarnos del metano, cuyas emisiones deberían reducirse aproximadamente un 33% si no queremos que el planeta se caliente más de 1,5 grados.

Por el momento, apoyan estas soluciones nada más y nada menos que los 195 países miembros del IPCC, que han aprobado el contenido del informe publicado el pasado mes de abril, en cuya confección han participado 278 autores de 65 países diferentes y numerosos expertos que han actuado como revisores externos, aportando entre todos 59.212 comentarios que se han tenido en cuenta. En total, el documento recoge la producción científica de más de 18.000 artículos publicados en revistas científicas de prestigio en los últimos siete años.

Las claves del cambio

Seguramente, lo que más sorprende es el optimismo de este último documento. Un texto que muestra no solo una vía, sino muchas, para alcanzar un mismo objetivo: reducir al máximo sus emisiones. Y es que, según el informe, existen opciones en todos los sectores para reducir, al menos a la mitad, las emisiones de aquí al año 2030.

Por otro lado, el informe constata que los costes de las renovables, como la eólica, la solar y las baterías eléctricas, se han reducido significativamente en los últimos años. Por tanto, aunque alerta de que no estamos yendo en la dirección correcta ni con la rapidez suficiente, asegura que, hoy por hoy, es posible realizar esta transición energética invirtiendo menos y, en este sentido, valora aquellas políticas que están apoyando este cambio.

No obstante, el documento señala algunas de las desigualdades más evidentes relacionadas con el cambio climático, como por ejemplo el hecho de que solo el 10% de los hogares con mayores emisiones per cápita son responsables de entre el 36 y el 45% de las emisiones mundiales. Y en el ámbito doméstico, el informe hace referencia a que las dietas con un alto contenido de proteínas vegetales y menos carne y productos lácteos se asocian a menores emisiones.

Asimismo, el documento incide en la importancia de andar o ir en bici, utilizar el transporte público, involucrarse en iniciativas de economía circular, compactar las ciudades y hacerlas más transitables o restringir los usos del suelo, todas ellas acciones que ayudarían a reducir significativamente las emisiones.

Hay que tener en cuenta que este sexto informe se ha hecho especialmente famoso por las filtraciones que se hicieron antes de que se publicaran los informes parciales, lo que denota que hay gente dentro del propio IPCC muy preocupada para que llegue el mensaje lo antes posible y se alcancen los objetivos establecidos, unos hitos que requieren acciones inmediatas si queremos evitar los peores escenarios sin tener que destinar más recursos de los necesarios.