Noticias | 29 DICIEMBRE 2023

“La biblioteca de hielo”, un espacio de reflexión en el festival de literatura amplificada Kosmopolis del CCCB

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En el “A Fondo” de este mes hablamos de la importancia de la huella humana sobre la Tierra a través del análisis de dos obras literarias reconocidas a escala internacional: ‘Hermano de hielo’, de Alícia Kopf, y ‘Footprints’ , de David Farrier.

La "Biblioteca de gel" rastrejarà les petjades de la humanitat als paisatges del planeta / Pixabay.
La "Biblioteca de gel" rastrejarà les petjades de la humanitat als paisatges del planeta / Pixabay.

Nos encontramos en un momento de la historia de la humanidad en el que somos conscientes de nuestro poder, influencia en el entorno y capacidad de destrucción masiva. El impacto de la actividad humana es cada vez más profundo y patente a muchos niveles. De ello derivan el cambio climático, la acidificación oceánica, la explotación intensiva de recursos o los vertidos descontrolados, que tienen efectos devastadores en una sociedad cada vez más conectada, pero a la vez bastante aislada y ajena al medio natural. Por este motivo los retos a los que nos enfrentamos son tan grandes, y las soluciones, en muchos casos, parecen inviables.

Hace unas semanas Valentí Sallarès, director del Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC), moderaba "La biblioteca de hielo", una conversación a dos bandas entre los escritores Alícia Kopf y David Farrier sobre contenidos relacionados con dos de sus libros más reconocidos a escala internacional: Hermano de hielo, de Alicia, y Footprints, de David. Ambas obras hablan de la importancia de las huellas de nuestras acciones y nuestras vivencias, saber reconocerlas e interpretarlas para entender de dónde venimos, porque somos cómo somos, e interpretar mejor hacia dónde vamos.

En concreto, Hermano de hielo es el diario de investigación de la autora, atraída desde pequeña por las expediciones polares y su imaginería impactante. Nos muestra el paralelismo entre la búsqueda y la conquista de nuevos mundos, cada vez más remotos y más aislados, y la búsqueda interior, el descubrimiento de nuevas realidades a través de la evolución de las relaciones con nosotros mismos y nuestro entorno inmediato, especialmente la familia, pero también a través del amor y la amistad.

Footprints, por su parte, combina historia, ciencia y filosofía para invitarnos a reflexionar sobre nuestra relación con el planeta, el impacto de nuestras acciones sobre el clima, los ecosistemas, los recursos y la huella que dejarán las nuestras actividades en el futuro. En un contexto de múltiples crisis globales y de determinismo pesimista, Footprints aporta una visión madura y consciente de las transformaciones que van a venir y de la necesidad de adaptación a través del conocimiento.

Tanto Hermano de hielo como Footprints comparten un talante y visión "oceánicas" en su enfoque, destacando la atracción casi mística del viaje y la exploración como eje conductor del descubrimiento, la necesidad de llegar más lejos y comprendernos mejor como individuos y como especie, y de comprender nuestro entorno y su vulnerabilidad, así como nuestro rol primordial en las frágiles interrelaciones que guían la evolución del sistema.

La curiosidad, la clave de la exploración

La imaginación y la curiosidad, inherentes a la naturaleza humana, son el elemento necesario para que la exploración sea posible. “Las cosas interesantes pasan a tu alrededor y solo tienes que saberlas mirar”, decía Antonio López. Saber mirar o, como expresó recientemente el ecólogo Marten Scheffer en la ceremonia de entrega del Premio Ramon Magalef, aprovechar "el poder que tenemos artistas y científicos para dar sentido al mundo que nos rodea".

Es la capacidad que menciona Alicia Kopf en Hermano de hielo de “hacer visible lo invisible”, de retirar el velo y mostrarlo al mundo, con el copo de nieve como metáfora: como la formación hexagonal del copo de hielo desvela su estructura molecular, íntima, pero a su vez única debido a las condiciones que influyen en su crecimiento.

De ambas obras extraemos pues que la exploración es un concepto rico y poliédrico, aplicable a nivel interior y exterior, y que implica salir de uno mismo, “estar allí, mirando hacia fuera, en vez de aquí, mirando hacia adentro”, como decía Louise Boyd Land, y asumir los riesgos que conlleva la aventura. Es atreverse a equivocarse, a errar, a sufrir, a dañar, pero también a disfrutar, a maravillarse, y a amar. Es, en definitiva, atreverse a vivir. Como dijo Pepita Castellví, oceanógrafa catalana y pionera antártica en el Estado, parafraseando a Shackleton "las zonas polares dejan una profunda huella en aquellos que han estado, pero se hace difícil transmitir a quienes nunca han abandonado el mundo civilizado".

En conclusión, lo que resulta cada vez más evidente es que la continua expansión de los horizontes y de los límites del conocimiento comporta una responsabilidad creciente. Somos cada vez más conscientes de las consecuencias, muchas veces irreparables, de nuestras acciones y decisiones, pero todo indica que todavía no somos suficientemente maduros como especie para controlar nuestro poder. Con demasiada frecuencia la exploración está guiada por el instinto atávico de gloria, conquista, dominio y control, cambio y destrucción.

El reto, como nos indican tanto Hermano de hielo como Footprints, es transformar nuestra relación con el entorno inmediato y lejano, aprovechar el conocimiento que nos aportan las artes y las ciencias para dar sentido al mundo y mostrarlo a la sociedad, ya que, como decía el Dr. Pi y Sabater “sólo amamos lo que conocemos, y sólo preservamos lo que amamos”.