La investigadora barcelonesa fue clave en la creación de la Base Antártica Española Juan Carlos I y abrió camino a generaciones de mujeres en la investigación marina.
El Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) de Barcelona despide a la doctora Josefina Castellví i Piulachs, conocida afectuosamente como "Pepita", quien ha fallecido dejando un legado imborrable en el ámbito de la ciencia marina. Oceanógrafa, microbióloga y, sobre todo, una exploradora incansable, Castellví no solo fue una de las primeras mujeres en investigar en el continente blanco, sino que se convirtió en un referente ético y científico para la institución donde desarrolló la mayor parte de su carrera. Su pasión por el estudio de las bacterias en condiciones extremas y su compromiso con la divulgación han marcado un antes y un después en la manera en que entendemos el papel de la mujer en la investigación de élite.
Valentí Sallarès, director del ICM-CSIC, ha expresado su tristeza ante esta pérdida destacando que Pepita no fue solo una investigadora brillante, sino una institución en sí misma. Sallarès afirma que su coraje para romper techos de cristal en una época en la que la ciencia estaba dominada por hombres es una inspiración constante. Según el director, Castellví demostró que la investigación de calidad requiere determinación y una visión humanista que ella supo transmitir hasta el último momento.
Una vida dedicada al hielo y a la pasión por el conocimiento
Nacida en Barcelona en 1935, Josefina Castellví se licenció en Biología en la Universidad de Barcelona y se doctoró en 1969. Aunque sus primeros pasos se centraron en la microbiología marina, su destino cambiaría para siempre cuando puso los pies en la Antártida por primera vez a finales de 1984. Aquella expedición, compartida con otros pioneros como Antoni Ballester y Marta Estrada, fue la semilla de lo que hoy conocemos como la Base Antártica Española (BAE) Juan Carlos I en la Isla Livingston.
Marta Estrada, investigadora emérita del ICM y compañera en aquella gesta histórica, recuerda aquellos días con emoción y subraya la capacidad de trabajo de Castellví en condiciones de extrema dureza.
“Pepita tenía una energía desbordante y una capacidad organizativa excepcional”, asegura. En este sentido, Estrada añade que su gestión como jefa de la BAE entre 1989 y 1993 fue “modélica”, convirtiéndose en la primera mujer en dirigir una base científica en la Antártida.
Por su parte, Dolors Vaqué, también investigadora emérita del ICM, explica que tuvo el privilegio de compartir con Pepita numerosas experiencias científicas y vivencias personales durante sus estancias en la BAE. Ella guarda un profundo recuerdo de su espíritu pionero, su generosidad y su firme dedicación a la ciencia, que fueron para ella una fuente constante de admiración e inspiración.
“Pepita fue una maestra de vida que enseñaba a observar el mar con respeto y a no rendirse jamás ante los obstáculos técnicos o políticos, siendo siempre una voz firme en la defensa de la investigación pública”, expresa Vaqué.
Legado logístico y humano para la ciencia del futuro
El impacto de Josefina Castellví fue más allá de los tubos de ensayo; su influencia en la estructura de la investigación marina en España fue fundamental. Jordi Sorribas, director de la Unidad de Tecnología Marina (UTM-CSIC), reconoce que sin la visión de Castellví, la logística científica actual sería muy diferente. En este sentido, Sorribas explica que Pepita entendía perfectamente que la buena ciencia necesita una infraestructura sólida detrás y que fue ella quien sentó las bases de la coordinación entre los investigadores y el personal técnico. Gracias a su empuje, se profesionalizó la presencia española en el polo sur, garantizando que las generaciones posteriores tuvieran los medios necesarios para trabajar en uno de los entornos más hostiles del planeta.
“Pepita impulsó la base antártica del CSIC con una visión de sostenibilidad y un enfoque de servicio a la ciencia muy avanzados para su tiempo... Su visión ha sido la semilla para lograr que hoy día nuestra comunidad polar pueda disfrutar de un servicio técnico e instalaciones de primer orden”, expone Sorribas.
Hoy, el ICM-CSIC despide a una mujer que se definía a sí misma como una enamorada del "lugar más desolado del mundo", pero su espíritu continuará vivo en cada muestra de agua analizada y en cada campaña que parta hacia el polo sur. Josefina Castellví nos deja un legado de rigor, de lucha por la igualdad y, sobre todo, de fascinación por la naturaleza en estado puro. Como ella misma decía, “la Antártida no te deja nunca indiferente”, y tampoco lo hará el recuerdo de una de las pioneras en la investigación oceanográfica de este país.