El trabajo, en el que ha participado el investigador del ICM-CSIC Erik Simon-Lledó, revela también los primeros signos de recuperación biológica en una zona del Pacífico intensamente explotada hace ahora 44 años.
Un nuevo estudio liderado por el Centro Nacional de Oceanografía y el Museo de Historia Natural de Londres ha revelado el impacto a largo plazo de la minería de aguas profundas y los primeros signos de recuperación biológica en una zona del océano Pacífico intensamente explotada hace ahora 44 años. El trabajo, en el que ha participado el investigador del ICM-CSIC Erik Simon-Lledó, se publicó la semana pasada en Nature y aporta pruebas críticas al debate global que existe alrededor de este tipo de minería.
Para el desarrollo del estudio, el equipo científico visitó un yacimiento previamente minado en la zona Clarion Clipperton (CCZ). Su objetivo era investigar si la recuperación es posible y qué impacto permanece 44 años después de que las máquinas se hayan marchado. Los resultados muestran que la actividad minera provoca, sin ningún tipo de duda, cambios a largo plazo en los sedimentos, si bien el impacto sobre las especies que viven a estas profundidades es más dispar.
El autor principal del trabajo, Daniel Jones, del Centro Nacional de Oceanografía, explica:
“Para estudiar si la recuperación de la minería de aguas profundas es posible tenemos que mirar primero al pasado y analizar las marcas generadas para comprender los impactos a largo plazo. Cuarenta y cuatro años después, las propias huellas de la minería tienen un aspecto muy similar al de cuando se hicieron por primera vez, con una franja de 8 metros de ancho de lecho marino limpia de nódulos y dos grandes surcos en el fondo por donde pasó la máquina.
En estas franjas minadas, 44 años después, la abundancia y diversidad de animales seguía siendo sustancialmente menor que en las áreas adyacentes no minadas. “Aunque algunas especies móviles parecen haber regresado a las zonas minadas, mostrando señales de una recuperación inicial, la megafauna en estas franjas seguía careciendo de un componente esencial del ecosistema: la fauna sésil”, añade Erik Simon-Lledó, del ICM-CSIC.
“El sustrato duro que proporcionan los nódulos es esencial para el crecimiento de muchas especies en los fondos abisales del Pacífico. Igual que en un bosque degradado las ardillas solo pueden recolonizar cuando los árboles que habitan vuelven a crecer, los nódulos donde crecen muchos corales, anémonas o esponjas tardarán milenios en formarse de nuevo”, concluye el investigador.
A este respecto, Jones señala que “las pruebas aportadas por este estudio son fundamentales para comprender las posibles repercusiones a largo plazo. Aunque observamos algunas zonas con poca o ninguna recuperación, algunos grupos de animales mostraban los primeros signos de recolonización y repoblación”.
La explotación minera de los fondos marinos es considerada cada vez más una posible solución ante la creciente demanda global de metales esenciales, como el cobre, niquel o manganeso, o los minerales de tierras raras. Una zona de gran interés para la minería es la CCZ, una vasta región en aguas internacionales del Océano Pacífico Central que alberga criaturas de aguas profundas únicas y biodiversas, muchas aún por describir por la ciencia, así como un rico recurso mineral de nódulos polimetálicos, altamente enriquecidos en metales. A profundidades de casi 5.000 metros, estas rocas representan uno de los recursos minerales de aguas profundas más abundantes.
La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (AIF), creada en 1994 en virtud del Derecho internacional, está decidiendo ahora si autoriza la explotación minera de los fondos marinos de la región y en qué condiciones. Una cuestión clave en esta decisión es si los ecosistemas de aguas profundas pueden recuperarse de las perturbaciones causadas por la minería.
En la década de 1970 se realizaron en el Pacífico los primeros ensayos industriales de minería en aguas profundas. Este fue el lugar que el profesor Jones y su equipo visitaron en 2023 a bordo del buque oceanográfico James Cook, equipado con el robot sumergible Isis, que les permitió explorar y estudiar las antiguas huellas mineras del lecho marino.
El estudio forma parte del proyecto SMARTEX (Seabed Mining and Resilience To EXperimental Impact), liderado por el NOC y financiado por el Natural Environment Research Council (NERC). Todos los datos recogidos se pondrán a disposición de todas las partes interesadas con el fin de orientar las futuras decisiones políticas de la AIS y de los Estados implicados.