En el "A fondo" de este mes de mayo entrevistamos a Aurora M Ricart, que acaba de aterrizar en el ICM-CSIC con el objetivo de estudiar el impacto de la crisis climática sobre los ecosistemas marinos, pero especialmente sobre los bosques marinos.

Aurora M Ricart es ecóloga marina y estudia los efectos de la crisis climática sobre los ecosistemas marinos costeros. Se licenció en Biología por la Universidad de Valencia, posee un Máster y un Doctorado en Ecología que realizó en la Universidad de Barcelona. La carrera postdoctoral la inició en Estados Unidos, estando primero en el Bodega Marine Laboratory de la Universidad de California y después en el Bigelow Laboratory for Ocean Sciences. Ahora ha vuelto a España y, en concreto, al Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC), de la mano de una Marie Sklodowska-Curie que le ha permitido arrancar el proyecto SeapHorest gracias al cual estudiará cómo se están adaptando los ecosistemas marinos a la crisis climática. Asimismo, la investigadora quiere profundizar en cómo los ecosistemas naturales están pueden ayudarnos a mitigar los efectos de esta crisis al mismo tiempo que actúan como refugios ante los múltiples impactos derivados de la misma.
1. ¿Qué tipo de bosques hay debajo del agua?
El término “bosque marino” se usa comúnmente para designar ecosistemas con vegetación submarina. Estos ecosistemas se componen de macrófitos marinos que forman hábitats como las praderas marinas o los lechos de macroalgas. Al igual que los bosques terrestres, los bosques marinos crean hábitats complejos que proporcionan recursos alimentarios, refugio y zonas de cría para muchos organismos marinos y pueden ayudar a mitigar los efectos del cambio climático y a adaptarse a él mediante el secuestro de carbono. Las praderas marinas están formadas por plantas con flores y se hallan en las zonas costeras ubicadas entre las regiones tropicales y las subpolares. En cambio, los lechos de macroalgas -incluidas las algas verdes, las rojas y las pardas- están distribuidos por todo el mundo, aunque cuando la gente habla de “bosques submarinos” se refiere normalmente a las grandes algas pardas (kelps y fucoides).
2. ¿A qué amenazas se enfrentan estos ecosistemas en la actualidad?
En general al cambio climático, aunque lo que más les afecta es el aumento de la temperatura del agua del mar y algunas actividades antropogénicas que conllevan grandes aportaciones de nutrientes, lo que puede degradar su calidad y llevar a la eutrofización. No obstante, también les afectan negativamente las construcciones costeras, que conllevan una pérdida directa de hábitat y cambios en los patrones de sedimentación y en la disponibilidad de luz, entre otros. Por otro lado, perturbaciones naturales como las tormentas, la acción de las olas y los fenómenos meteorológicos extremos también pueden causar daños físicos a los bosques submarinos. Por ello, es importante adoptar medidas como lo son las prácticas pesqueras sostenibles, la reducción de la contaminación y la protección de las zonas costeras, si queremos realmente preservar estos ecosistemas tan valiosos a nivel ecológico.
3. ¿Y si nos quedamos sin bosques submarinos?
Esto tendría importantes consecuencias ecológicas, medioambientales y socioeconómicas. Por ejemplo, podría producirse una gran pérdida de biodiversidad y un declive de la pesca, ya que estos ecosistemas actúan como puntos calientes de biodiversidad, incluidas especies de importancia comercial. Además, la desaparición de estos bosques comportaría una desprotección de la costa, pues las distintas especies que los forman ayudan a estabilizar los sedimentos marinos y actúan como amortiguadores naturales contra las tormentas, la acción de las olas o la erosión. Por otro lado, disminuiría la calidad del agua y la capacidad del océano de capturar dióxido de carbono (CO2), lo que podría provocar un aumento de los niveles de CO2 en la atmósfera.
4. ¿Podrían estos bosques revertir el problema de la acidificación oceánica?
No del todo, aunque podrían ayudar a mitigar sus efectos a escala local. El aumento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y los consiguientes cambios en la acidez del agua de mar pueden afectar de forma diferencial a la fauna marina, con consecuencias negativas para muchas especies de gran importancia ecológica y económica. Ante este escenario, los bosques marinos se han propuesto como posibles soluciones para mitigar localmente los efectos de la acidificación del océano. Se trata de una línea de investigación emergente, aunque ya se han publicado algunos trabajos basados en experimentos tanto en el campo como en el laboratorio con resultados prometedores.
5. En el caso de desaparecer los bosques submarinos, ¿qué otros mecanismos de captura de carbono nos ofrece el océano?
En la actualidad, se están proponiendo numerosas estrategias de reducción del dióxido de carbono (CDR, por sus siglas en inglés), tanto en tierra como en el océano, con el objetivo de reducir la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera. Estas estrategias implican enfoques y tecnologías específicos que están, en la mayoría de casos, aún en fase de desarrollo. En el océano, por ejemplo, se está investigando mucho sobre el aumento de la alcalinidad oceánica, la forestación y el hundimiento de algas, la mejora de la meteorización, la conservación de los hábitats de carbono azul, la fertilización oceánica o la captura y secuestro directo de aire en el fondo del océano. Sin embargo, para aplicarlas es preciso tener muy en cuenta las posibles repercusiones medioambientales y las consideraciones éticas. Además, estas estrategias no deben considerarse una solución aislada al cambio climático. Deben formar parte de un planteamiento global que incluya la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, el fomento de prácticas sostenibles y la transición a una economía con bajas emisiones de carbono.
6. ¿Cómo es tu día a día en el trabajo?
Mezclo experimentos de campo y de laboratorio a escala de paisaje y ecosistema para comprender el funcionamiento, la dinámica y las respuestas de los bosques marinos a los cambios medioambientales. Para ello, utilizo técnicas que abarcan la ecología, la ecofisiología, la biogeoquímica y la oceanografía. La mayor parte del trabajo de campo que realizo es submarino y requiere buceo científico. En el laboratorio realizo experimentos en acuarios para controlar todos los parámetros ambientales y probar futuros escenarios de cambio global.
7. ¿Quién puede beneficiarse de los resultados de tus investigaciones?
Hasta ahora, los resultados de mis investigaciones han beneficiado a gestores medioambientales y responsables políticos que pretendían mejorar la conservación, protección y restauración de las zonas costeras; elaborar inventarios nacionales o regionales de gases de efecto invernadero; aumentar el secuestro de carbono mediante la aplicación de estrategias de CDR; o adaptar las actividades acuícolas para aumentar la sostenibilidad y optimizar el secuestro de CO2 en el agua de mar (especialmente cuando se cultivan organismos calcificadores y algas).
8. ¿Qué futuro les depara a los bosques marinos?
Lamentablemente, estos ecosistemas han disminuido mucho en el último siglo, si bien los últimos estudios prueban que las medidas de protección y conservación pueden revertir la situación actual. Esto es importante, entre otras cosas, porque los bosques marinos son de las pocas especies que pueden beneficiarse del aumento de las concentraciones de CO2. Sin embargo, los múltiples impactos a los que se enfrentan en la actualidad nos impiden saber qué les deparará en el futuro. Lo que está claro es que la especie humana dispone de la capacidad y la tecnología necesarias para reducir estos impactos. La cuestión es cuándo vamos a hacer de esto una prioridad.