Es la conclusión principal de un estudio liderado por el ICM-CSIC que ha aplicado por primera vez un análisis “doughnut” para analizar la situación de esta actividad en el Mediterráneo.

Un nuevo estudio liderado por el Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC) ha alertado de la crisis ambiental y social que afecta al sector del círculo en el noroeste del Mediterráneo. Para la elaboración del trabajo se ha aplicado por primera vez un análisis “doughnut”. Se trata de una metodología de evaluación socioambiental que busca facilitar la transición económica para hacer posible que la actividad humana se lleve a cabo sin superar los límites ambientales y asegurando al mismo tiempo un nivel mínimo de bienestar social para todo el mundo.
Tradicionalmente, el éxito de un sector económico se ha medido principalmente a través de su facturación y capacidad de crecimiento. Sin embargo, la crisis ecológica y social del siglo XXI ha demostrado la insuficiencia de esa aproximación. Ante este escenario, surge la necesidad de encontrar nuevos indicadores y objetivos coherentes con las problemáticas actuales que adopten una evaluación socioambiental más integrada.
Éste es el caso de la metodología “doughnut”, desarrollada la última década por el economista Kate Raworth. El nuevo enfoque permite diagnosticar los rasgos básicos de una economía postcrecimiento donde el objetivo final sea desarrollar las actividades económicas sin superar los límites ambientales y garantizando simultáneamente unos mínimos sociales.
La metodología “doughnut” recibe su nombre por su estructura. Consta de dos anillos concéntricos: el interior representa la base social de las necesidades básicas, derivada de las prioridades sociales de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que garantiza lo esencial para vivir; el exterior es el techo ecológico, marcado por los límites planetarios. El área en forma de rosco entre los dos límites es el espacio ecológicamente seguro y socialmente justo al que las sociedades deberían aspirar, sirviendo como alternativa al objetivo económico orientado al crecimiento del PIB.
“Ante nuevos retos necesitamos nuevas miradas y nuevos objetivos. El enfoque “doughnut” nos da una visión simple y a la vez completa de los principales retos y objetivos ambientales y sociales que debemos abordar. Además, al ser un marco generalista nos permite abrir la mirada, dialogar con otros sectores económicos que también están en proceso de transformación y aprender mutuamente”, señala el autor principal del estudio, Miquel Ortega.
Hasta ahora, el marco conceptual se había aplicado a nivel global y de estados, pero nunca en el ámbito de la economía azul, un sector en auge. De hecho, el creciente interés por éste se refleja en la nueva estrategia de economía azul europea “Transforming the EU's Blue Economy para Sustainable Future”, que establece la necesidad de virar el foco del “crecimiento azul” hacia la economía azul sostenible.
La situación del cerco en Cataluña
El nuevo estudio, publicado recientemente en la revista Ecology and society evalúa de forma exhaustiva un sector de la economía azul que pasa por momentos especialmente difíciles, la pesca de cerco en el noroeste del mar Mediterráneo.
El análisis destaca diversos ámbitos de sobreexplotación ecológica y falta de consecución de las necesidades sociales básicas, poniendo sobre la mesa una situación lejos de ser considerada ambientalmente segura y socialmente justa. La transición hacia un sector sostenible, como desvela el trabajo, no es simplemente una cuestión técnica o financiera, sino que requiere también capacidades sociales para liderar el proceso, sin dejar de lado el contexto social.
Los resultados de la evaluación ponen sobre la mesa la “urgente necesidad” de un plan de transición global que incluya un enfoque basado en el ecosistema para la gestión de la pesca, así como planes de acciones comerciales y sociales. Asimismo, el estudio muestra que este enfoque puede ser clave para conseguir una pesca sostenible y contribuir a los más amplios debates sobre los cambios socioeconómicos y ecológicos necesarios para una economía azul sostenible y resiliente al cambio climático.
“Reducir la sobreexplotación de especies como la anchoa capturadas por el cerco es básico, pero no suficiente para garantizar la viabilidad del sector en el Mediterráneo. Es necesaria una gestión más integral del ecosistema incluyendo factores como las afectaciones de otras flotas sobre los juveniles de los pequeños pelágicos o el cambio climático. Aparte, deberían ponerse en marcha mecanismos para hacer el sector más competitivo, que permitan mejorar la comercialización y hacerlo más atractivo para jóvenes y mujeres. Necesitamos una acción urgente porque cada día que pasa se pierde capacidad para realizar la transición”, enfatiza Francisco Ramírez, coautor del trabajo.
Por último, el análisis pone de relieve que el uso de este marco no específico de la pesca puede facilitar la participación de la experiencia pesquera en debates más amplios sobre los cambios socioeconómicos y ecológicos necesarios para conseguir una economía azul sostenible.
“Cada vez hay más interés en realizar más actividades económicas en el mar, pero el mar no es infinito, no es una cornucopia inacabable, fuente de infinitas riquezas para todos. Lo que tenemos debemos gestionarlo de acuerdo con las prioridades sociales, más allá del crecimiento continuo que es imposible. La perspectiva “doughnut” puede ayudarnos a establecer prioridades y tener visiones compartidas de dónde queremos ir”, concluye Marta Coll, otra de las coautoras del estudio.