En el “A Fondo” de este mes de marzo hablamos con el investigador Joaquim Garrabou sobre el recién alcanzado Tratado Global de los Océanos de la ONU.
El Tratado Global de los Océanos de la ONU es un acuerdo histórico de Naciones Unidas al que llegaron hace unas semanas casi 200 países después de 20 años de negociaciones y que servirá, entre otros, de instrumento para proteger el 30% del océano de cara al año 2030. En esta entrevista desgranamos los detalles del documento de la mano de uno de nuestros investigadores, Joaquim Garrabou, que es experto en conservación marina, áreas marinas protegidas y cambio climático. Para él, estas zonas son, dada su extensión y papel en el funcionamiento del océano, clave para detener la pérdida de la biodiversidad y la emergencia climática.
1. ¿Qué es el Tratado Global de los Océanos?
Es un acuerdo que busca promover en la zona de alta mar la creación de áreas marinas protegidas, compartir los beneficios de los recursos genéticos -genes que se encuentran en las especies marinas y pueden tener aplicaciones médicas y biotecnológicas- de estos hábitats, hacer evaluaciones del impacto ambiental de las nuevas operaciones a gran escala, tanto comerciales como científicas -como pueden ser los experimentos de intervención climática- que afecten a estas zonas. Además, el tratado ofrece una excelente oportunidad para la investigación, ya que refuerza el papel de la ciencia en la toma de decisiones, también en aquellos países con menores recursos económicos, a través de la formación y la cooperación internacional.
2. ¿Qué es la zona de “alta mar”?
Se trata de aquellas partes del océano que se extienden más allá de las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) y las aguas territoriales de los distintos países -normalmente 200 millas náuticas-. Representan aproximadamente dos tercios (64%) de la superficie total del océano y casi la mitad de la superficie de la Tierra (45%). Por ello, son clave para comprender el papel del océano en la regulación del clima y el funcionamiento de la biosfera.
3. ¿Por qué se habla de este como un “tratado histórico”?
Porque es un documento que los delegados de los distintos países firmantes han estado discutiendo durante casi 20 años. Han sido unas negociaciones muy complejas por el contexto actual de emergencia ambiental, la superposición de intereses entre la explotación de los recursos comunes –pesca, recursos genéticos, recursos minerales- y las relaciones geopolíticas –entre los países del norte y los del sur global, con muchos menos recursos-.
4. ¿Es realmente un tratado ambicioso?
El tratado ofrece un excelente marco para abordar los retos de conservación y uso sostenible de la zona de alta mar. Proteger el 30% de esta zona de cara al 2030 es en sí mismo un objetivo muy ambicioso y complejo, ya que deben tenerse en cuenta los mecanismos de gobernanza actuales destinados a compartir los beneficios de la explotación de los recursos genéticos, entre otros. Además, será necesario coordinarse con otros organismos que regulan actividades en el océano, como es el caso de la International Seabed Authority (ISA), encargada de dar licencias para la exploración minera del fondo del océano. Por todo ello, implementar el acuerdo no será fácil, si bien el marco que proporciona es clave para ir alcanzando los objetivos fijados.
5. ¿Qué echas de menos?
Como en la gran mayoría de acuerdos internacionales, el principal reto es averiguar la manera de implementar de forma efectiva las acciones definidas. Aparte de la complejidad inherente a estos acuerdos multilaterales, en este tratado debemos añadir que las operaciones en alta mar requieren una serie de recursos y una logística compleja, por ejemplo, para realizar campañas de exploración. Por este motivo, dotar a los distintos países y actores implicados de los instrumentos operacionales necesarios para hacer cumplir de los acuerdos será clave para garantizar el éxito del tratado.
6. ¿Por qué se habla tanto de proteger concretamente al 30% del océano?
Según diferentes estudios, si en 2030 el 30% del océano está protegido, se podría detener la pérdida de biodiversidad, contribuyendo así a la lucha contra la emergencia climática. En este contexto, a finales de 2022, en la última reunión del Convenio de Biodiversidad Biológica de las Naciones Unidas se acordó la protección del 30% del océano de cara al año 2030. Previamente, tanto la Unión Europea a través del Green Deal, como la región del Mediterráneo a través del Convenio de Barcelona, ya habían acordado proteger, al menos, el 30% de sus mares antes de 2030.
7. ¿Dónde estamos ahora?
Actualmente, la superficie total protegida del océano es de un 8%, pero en el caso de las aguas internacionales, las que son objeto del Tratado Global de los Océanos, esta cifra no llega al 2%. Por tanto, si queremos alcanzar realmente este 30% de protección, será necesario que la comunidad internacional centre todos sus esfuerzos en ello.
8. ¿Qué papel desempeñan las reservas marinas en el mantenimiento de la salud del océano?
Las áreas marinas protegidas son zonas donde se establecen regulaciones, reducciones e incluso la prohibición de actividades como la pesca para reducir el impacto de la huella antropogénica. En este sentido, varios estudios han comprobado la capacidad de estas áreas -siempre que estén bien gestionadas- de recuperar y conservar la biodiversidad marina. Es por ello decimos que son un pilar básico para la salud del océano.
9. ¿Qué características debe tener una “buena” reserva marina?
Una buena área marina protegida debe definir objetivos de conservación ambiciosos. En este sentido, las que dan los mejores resultados son aquellas en las que las actividades humanas están más restringidas, también conocidas como “zonas integrales” o “No take – Not entry”. De todas formas, sea cual sea la tipología de las áreas marinas protegidas, es imprescindible dotarlas de los recursos -personales, equipamientos, contexto legal y financieros- para aplicar los planes de gestión de la manera más eficiente y eficaz posible.
10. ¿En qué punto se encuentra Cataluña en comparación con Europa y el resto del mundo?
Cataluña cuenta con una red de espacios protegidos a distintos niveles a lo largo de su costa. Sin embargo, las zonas estrictamente protegidas (zonas integrales) representan una superficie claramente insuficiente, menos del 0,01% del total. Además, gran parte de las zonas protegidas carecen de planes de gestión definidos, y menos implementados. ¡Hay mucho trabajo por hacer!