En el “A Fondo” de este mes hablamos de este documento que ha contado con la participación del Instituto y que subraya el “impacto crítico” sobre el océano de factores de estrés como el calentamiento del agua o la sobrepesca, así como del vínculo entre la salud del océano y la salud humana.
El pasado 8 de junio, coincidiendo con el Día Mundial del Océano, las Naciones Unidas hicieron público el tercer World Ocean Assessment (WOA III), el principal informe científico sobre el estado de la salud del medio marino, en el que han participado más de 550 expertos y expertas de 86 países, aportando una perspectiva global, transversal y diversa en el análisis. No se trata de un documento rutinario; el WOA precedente, publicado en 2021, dejó un sabor agridulce por la falta de concreción en ciertos indicadores sectoriales. Esta vez, la expectativa era máxima.
Tras recopilar, sintetizar e integrar los avances científicos más recientes sobre el estado de los océanos, y de un complejo proceso de validación política que requería el visto bueno de todos los estados miembros, el texto definitivo ha visto la luz con una destacada participación por parte del Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC).
Por un lado, investigadoras e investigadores de nuestro centro han liderado y coordinado el capítulo dedicado al dominio pelágico, el bioma más grande del planeta y, a la vez, uno de los grandes desconocidos del océano.
"El dominio pelágico es el entorno del océano abierto donde los organismos no están anclados al fondo marino, sino que se mueven con una dinámica y una movilidad constantes, utilizando y conectando hábitats que son vitales para el funcionamiento global de todo el planeta", explica Marta Coll, investigadora del ICM-CSIC y coordinadora de esta sección.
Desde la superficie bañada por el sol hasta las casi inaccesibles profundidades hadales de más de seis mil metros, la columna de agua funciona como una maquinaria climática y biológica perfecta. Nos proporciona recursos vivos, energía y una regulación térmica esencial para la supervivencia humana, actuando como el pulmón invisible de la Tierra. Sin embargo, los resultados de la evaluación global confirman que hemos entrado de lleno en el Antropoceno, la era en la que los cambios impulsados por la acción humana están alterando la distribución de las especies, la productividad y la biodiversidad de una forma drástica desde la revolución industrial. Finalmente, ponen en evidencia el conocimiento todavía parcial de este ambiente y de sus habitantes.
Nuevas amenazas climáticas
Los últimos cinco años han sido testigos de avances tecnológicos sin precedentes. Gracias a buques oceanográficos que operan como naves nodriza de robots submarinos, la expansión de boyas biogeoquímicas Argo y las técnicas de ADN ambiental (eDNA), la ciencia ha podido cartografiar rincones antes invisibles. Los análisis de isótopos estables han permitido dibujar la red trófica con una precisión sin precedentes. Pero disponer de un espejo más preciso solo ha servido para constatar la gravedad de las cicatrices del Antropoceno. Los modelos climáticos más recientes proyectan un escenario marcado por un calentamiento acelerado, la acidificación de los mares y océanos, la pérdida de oxígeno y fenómenos extremos extremadamente abruptos, como las olas de calor marina, que hasta hace poco no se podían simular de manera precisa.
El calentamiento global tiene un impacto importante que se traduce en un fenómeno conocido como “amplificación trófica”. Dado que el aumento de temperatura reduce la eficiencia en la transferencia de energía entre los diferentes eslabones de la cadena alimentaria, pequeños descensos en la biomasa del fitoplancton provocan pérdidas masivas en los niveles superiores, afectando directamente a los peces y a los mamíferos marinos. Un claro ejemplo de esta vulnerabilidad ambiental se vivió en el año 2023 con la llegada del fenómeno de El Niño, que redujo a la mitad las capturas industriales de la anchoveta peruana —la pesquería monoespecífica más grande del mundo—, que desestabilizó la economía local y la acuicultura global.
"Estamos observando cambios profundos en el estado físico y químico del medio pelágico que ya están afectando a la eficiencia de las redes tróficas", advierte el investigador del ICM-CSIC Francisco Ramírez, que también ha participado en la redacción del capítulo pelágico.
Ramírez señala que las olas de calor marina aumentan en frecuencia e intensidad, provocando la compresión del hábitat de muchas especies y agravando fenómenos de desoxigenación y mortalidades masivas, así como los impactos de la sobrepesca. Además, contaminantes emergentes como los microplásticos ya se encuentran de manera generalizada en los tejidos de los organismos marinos, alterando desde las tasas de hundimiento del carbono hasta la seguridad alimentaria de los humanos que consumen pescado. Finalmente, el estudio alerta sobre la situación crítica de los condrictios o peces cartilaginosos: tres cuartas partes de las especies de tiburones estudiadas se encuentran en peligro de extinción debido a la sobrepesca y las capturas accidentales.
Por otra parte, el informe pone el foco sobre otro de los grandes problemas globales: la contaminación. En este ámbito, la investigadora del ICM-CSIC Vanessa-Sarah Salvo, del grupo EMBIMOS del ICM-CSIC, ha participado como coautora del capítulo en el que se examinan los impactos de los agentes contaminantes en los ecosistemas marinos y la salud general del océano.
"La contaminación sigue aumentando en todos los océanos del mundo, y la evaluación destaca un aumento especialmente preocupante de la contaminación química asociada a los plásticos", afirma Salvo. "Estos hallazgos refuerzan la necesidad de abordar la contaminación por plásticos a lo largo de todo su ciclo de vida, incluida la reducción de la producción y la prevención de la contaminación en su fuente".
Por último, en un capítulo específico se exponen los lazos intrínsecos entre la salud del océano y la salud humana. Elisa Berdalet, del grupo Ecología del Plancton y Salud del Océano del ICM-CSIC, explica:
"El mar nos aproporciona alimentos, medicamentos y espacios para la salud y el bienestar. Sin embargo, a su vez, afloran riesgos para las personas relacionados con la propia actividad humana como la exposición a patógenos y contaminantes o la degradación de los ecosistemas. El capítulo en el que he participado incluye recomendaciones y prioridades para proteger a las comunidades humanas de eventos marinos extremos como lo son los tsunamis, los huracanes o las proliferaciones de algas nocivas, algunos de los cuales pueden ser agravados por el cambio climático.
Herramientas y regulación global
A pesar de todo, el WOA III no quiere ser una simple crónica del colapso, sino una herramienta para la transformación de la gobernanza global. El texto pone en valor los beneficios de la gestión pesquera eficaz, que ha permitido la recuperación sostenida de poblaciones que históricamente habían sufrido una sobreexplotación severa, como por ejemplo el atún rojo. El horizonte regulador también se enfrenta a retos mayúsculos en aguas internacionales. Por un lado, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos todavía trabaja en la incierta regulación de la minería profunda, una actividad a gran escala que amenaza a las comunidades del fondo marino, esenciales para el secuestro de carbono. Por otro lado, la histórica adopción del Acuerdo BBNJ en junio de 2023 abre una ventana de esperanza para la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad en áreas fuera de la jurisdicción nacional mediante la creación de áreas marinas protegidas y el impulso de los llamados "corredores azules".
Conseguir que estas nuevas herramientas internacionales funcionen requerirá llenar los vacíos de conocimiento que aún persisten. Y es que, por ejemplo, cerca del ochenta por ciento de los datos de monitoreo del zooplancton siguen siendo inaccesibles o parciales, mientras que la investigación socioecológica necesita aproximaciones que sepan conectar mejor las necesidades humanas con los límites ecológicos del planeta en general, y del océano en particular. Por ello, para el ICM-CSIC, haber liderado estas secciones del World Ocean Assessment reafirma el compromiso de nuestra institución con la ciencia de frontera y con las Naciones Unidas, aportando el conocimiento necesario para que la sociedad civil y los gestores políticos comprendan que el futuro de la humanidad depende fundamentalmente de la firmeza con la que protegemos el océano.